Fernanda Pandolfino

UMBRAL no nació el día que decidí armar un proyecto.

Empezó a gestarse mucho antes, en un camino de búsqueda que fue sumando una pieza por etapa. Psicología, comunicación, teatro, viajes, espiritualidad, coaching, medicina, cuerpo. Durante años pensé que eran caminos distintos.

Fernanda Pandolfino apoyada contra un muro de piedra tallada

«Mi búsqueda empezó intentando entender mi propio dolor. Con los años se transformó en las ganas de acompañar a otros en el suyo.»

Fernanda Pandolfino

El recorrido

Cada etapa sumó una pieza.

01Mendoza

La pregunta

Desde chica sentí todo con mucha intensidad: las emociones, los silencios, lo que no se decía.

Y desde chica también conviví con una depresión que no sabía nombrar. De las que no ceden, de las que mucho después aprendí a llamar resistentes. Durante años no entendí qué me pasaba. Sólo sabía que no se iba, que lo que probaba no alcanzaba, y que quería sentirme mejor.

Todo lo que vino después empezó ahí: en querer entender mi propio sufrimiento. De ahí salió la pregunta que me iba a acompañar el resto de la vida.

¿Por qué sufrimos? ¿Cómo se vive de una manera más consciente y más coherente?

02Psicología · Comunicación · Teatro

Los primeros idiomas

Empecé Psicología para entender la mente. Al año me pasé a Ciencias de la Comunicación, donde me recibí, porque entendí que el lenguaje era la misma pregunta por otro lado: cómo nos expresamos, qué callamos, cómo el modo de decir abre o cierra un encuentro.

Me mudé de Mendoza a Buenos Aires y estudié teatro durante seis años. Soy actriz, y el arte sigue siendo para mí una forma de meditación en movimiento. Ahí aprendí algo que uso todos los días: el cuerpo también habla, y casi siempre dice algo distinto de lo que dice la boca.

03Entender no alcanzaba

Casi diez años de terapia

Hice terapia psicoanalítica durante casi diez años y me cambió la vida. Entendí mi historia, mis patrones, de dónde venía buena parte de lo que me pasaba. Sigue siendo la base desde la que miro a una persona.

Lo que encontré después no fue un límite de la terapia. Fue algo más simple y más molesto: entender no alcanza. Podía explicar mi patrón entero y seguir repitiéndolo el lunes siguiente.

Ahí empecé a sumar. Primero el cuerpo, porque lo que no se movía pensando estaba guardado ahí. Y después las medicinas, por la misma razón: para llegar adonde las palabras no llegaban. No reemplacé nada. Agregué.

04Más de 35 países

Los viajes

A los 21 me fui por primera vez y no paré más. Terminé recorriendo más de treinta y cinco países, y no lo cuento como anécdota de viajera.

Fue la escuela más larga que tuve. Vi familias que funcionaban de maneras que yo habría jurado imposibles. Vi gente en paz con lo que a mí me parecía insoportable, y gente con todo resuelto que no podía dormir. Cada lugar me corría un poco más el límite de lo que yo creía que era una vida lograda.

Después de eso es muy difícil sentarse frente a alguien y creer que una sabe cómo debería ser su vida. Buena parte de por qué no doy respuestas viene de ahí.

05A los 29 · yoga · meditación · budismo

La noche que cambió todo

Alrededor de los 29 tuve un sueño. Dormida, sin nada que lo provocara, atravesé un estado expandido de conciencia: una sensación de unidad en la que desaparecían las fronteras habituales del tiempo y del espacio.

No fue una imagen linda ni una metáfora. Fue una experiencia, y al despertar seguía ahí. Entendí que existía una dimensión de lo humano mucho más amplia que la que yo venía habitando, y que hasta esa noche no había tenido manera de sospechar.

Desde esa noche se abrió una disposición que sigue abierta: explorar todo lo que pudiera ampliar mi conciencia y mi comprensión de la existencia. El yoga —soy instructora—, la meditación, el budismo, la metafísica, el tantra, el mindfulness.

06Desde 2019

El encuentro con las plantas

En 2019 llegué por primera vez a una ceremonia con plantas medicinales, acompañada y en un contexto cuidado. Volví a atravesar un estado expandido de conciencia y una experiencia de unidad con el todo.

Ahí até un cabo que tenía suelto hacía años: lo que había vivido dormida a los 29 había sido lo mismo. Dos puertas distintas, el mismo lugar del otro lado.

Desde entonces no dejé de estudiar el tema. Y lo que más me interesó nunca fue la experiencia en sí, sino lo que viene después: por qué algunas personas vuelven con algo que sostienen durante años y otras con un recuerdo intenso y nada más.

07Pandemia

El quiebre

Durante la pandemia me formé como Coach Ontológica. Y ese mismo año me fracturé un pie, me operaron y estuve tres meses sin caminar. Tuve que volver a Mendoza y dejarme cuidar.

Fue el aprendizaje más incómodo de todos. Yo era la que podía con todo, la que resolvía, la que no molestaba. Esa vez no pude sola y tuve que decir algo que me costaba mucho: hoy no puedo.

08Bali · Tailandia · 14 países

Dos años afuera

Cuando pude volver a caminar, me fui. Iban a ser seis meses y fueron dos años. Catorce de esos treinta y cinco países los recorrí en ese viaje.

En Bali hice un Vipassana: diez días de silencio, sin leer, sin escribir, sin cruzar una mirada con nadie. Diez días a solas con lo que apareciera.

Después me quedé a vivir ocho meses en una isla de Tailandia, y esa isla fue un antes y un después. A través del tantra, las prácticas somáticas, el yoga y la danza entré en otra relación con mi cuerpo, con la intimidad y con mi manera de amar. Y sobre todo con mi manera de vincularme: primero conmigo, después con los demás.

Ahí terminé de entender que el cuerpo no es un complemento del trabajo interno. Muchas veces es por donde empieza.

Hoy

Cómo acompaño.

No me paro en el lugar de la que tiene las respuestas. Me paro en el de acompañar. No busco que dependas de mí: busco que recuperes tu propia brújula.

Confío en la intuición como herramienta de trabajo y en la capacidad de ver y de sentir al otro. Casi todo se juega en una sola cosa: que puedas abrirte sin que nadie te juzgue.

Acompaño desde lo que soy, lo que viví y lo que sigo explorando.

El hilo

Era la misma pregunta.

La psicología, la comunicación, el teatro, los viajes, la meditación, el yoga, el coaching, la medicina y el trabajo corporal eran idiomas distintos para acercarme a lo mismo: entender al ser humano y acompañar procesos de transformación.

Hoy siento que llegó el momento de bajar a tierra todo ese camino. No porque esté terminado —yo sigo cruzando mis propios umbrales— sino porque llegó el momento de ponerlo al servicio de otros.

Así nace UMBRAL. Como la integración de un camino.

El puente

Sesión de Apertura

Gratuita, de 30 a 45 minutos. Es el primer paso real del proceso, no una charla de ventas.

Es el inicio de un vínculo. Entendemos dónde estás hoy, hacia dónde querés ir y qué sentís que te frena. Desde ahí se diseña el camino. No hay dos procesos iguales.

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Sobre la inversión: no hay un precio único. Cambia según la modalidad y, en los encuentros, según cuándo y dónde se hacen. Lo conversamos en la Sesión de Apertura, con el detalle de qué incluye, y sin que tengas que decidir ahí mismo.

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