Por qué no alcanza con entenderlo
Hasta que no se hace carne.
Para aprender a manejar primero entendés con la cabeza. El embrague, los espejos,
el punto de giro. Podés explicarlo entero y todavía no saber manejar.
Lo aprendés cuando te sentás al volante y lo hacés muchas veces. Hasta que un día
arrancás el auto y tu cuerpo ya sabe, sin que pienses nada.
Con una creencia pasa igual. Verla es el principio, no el final. Mucha gente entiende
perfectamente su patrón y lo repite igual al día siguiente. Lo que lo cambia son
acciones chicas, sostenidas en el tiempo, hasta que el cuerpo las toma como propias.
Todo empieza en la mente. Pero recién sirve
cuando baja al cuerpo.